Miquel consiguió mostrarnos una Barcelona diferente: la Barcelona de sus calles, de sus barrios, de sus historias y, sobre todo, de sus pequeñas anécdotas. En cada lugar tenía una historia que contar, un detalle que normalmente pasa desapercibido o una curiosidad que nos hacía mirar la ciudad con otros ojos.
Lo que más nos gustó fue precisamente esa capacidad de ir más allá de lo que aparece en cualquier guía turística. Hablaba de personajes, costumbres, edificios, rincones y acontecimientos, mezclando historia y vida cotidiana de una manera muy natural y entretenida.